El valor de La Teta Asustada

Apagadas las luces del Teatro Kodak, La Teta Asustada no ha podido conquistar la ansiada estatuilla dorada. Es curioso como muchos tenemos una capacidad extraordinaria para convertir los logros individuales en objetos identitarios. En realidad no es algo necesariamente negativo, y pasa “hasta en las mejores familias”.

Pero si luego de la ceremonia he querido volver sobre La Teta Asustada es porque creo que la ilusión fallida de conquistar un oscar no debería opacar, no solo al Oso conquistado en Berlín, sino al gran logro que la película ha significado para muchos peruanos: el haberse convertido en un magnífico pretexto para que nos pongamos a dialogar –como pocas veces lo hacemos- sobre lo que significa vivir en un país como el nuestro. Eso hay que destacarlo.

Como sabemos, han corrido ríos de tinta sobre este segundo film de Claudia Llosa. Hay quienes han visto en esta película a una denuncia cabal de la violencia social vivida en el Perú. Otros, por el contrario, han visto en ella a una expresión de racismo y exotización, en prejuicio de la población de origen indígena del país. Hay quienes han acusado a La Teta Asustada de querer transmitir una visión retrasada de un país embarcado en un proceso de crecimiento económico. Y hay quienes, incluso, han cuestionado la calidad cinematográfica de la obra, denunciando al chauvinismo que la ha encumbrado.

En términos globales, me siento más cercano de las apreciaciones positivas. En primer lugar, porque siento que la película ha sabido articular una estructura artística coherente con una capacidad expresiva notable. Y en segundo lugar porque, como producto comunicacional, La Teta Asustada ha sostenido su narrativa en una visión de la sociedad peruana que me resulta fuertemente sugerente. Evidentemente, es importante detenerse en este segundo terreno, porque es allí donde se juega fundamentalmente el debate armado en nuestro país en torno de La Teta Asustada.

Desde un punto de vista teórico, no considero que la discusión sobre la relación entre el discurso fílmico y la realidad humana sea ociosa. Decir simplemente que una película puede narrar lo que quiera por el hecho de no ser un documental, es no hace honor a la dimensión social que tiene todo film desde el momento en que es proyectado en público. Sin embargo, creo que la correspondencia del cine con la realidad puede ser entendida de distintos modos y es esta idea la que me lleva a reconocer en La Teta Asustada a una película que realmente nos habla del Perú.

Para ser breve, puedo relatar que cuando vi la película, la agudización de las contradicciones sociales que ella mostraba me resultó, ciertamente, caricaturesca. Sin embargo, con el desarrollo de la trama, observé toda una serie de elementos que me hicieron descubrir que allí se mostraba algo muy real: alguien me estaba contando una historia sobre la sociedad peruana que este alguien asumía como creíble, y que a mi juicio podía realmente serlo para muchas personas. En otras palabras, me pareció que la propuesta de Claudia Llosa era real, no tanto porque narraba con exactitud el estilo de vida y los valores estéticos de la población de Manchay, sino porque mostraba, con honestidad y con un discurso coherente, una visión de la sociedad peruana que de hecho muchos peruanos comparten.

Es aquí donde, a mi parecer, tocamos el meollo de un debate que ojalá pudiéramos prolongar con nuevas producciones nacionales. Porque, junto con la calidad de la propuesta fílmica de Claudia LLosa, La Teta Asustada tiene la virtud de confrontarnos con una visión de país con la cual podríamos estar o no de acuerdo -yo en lo fundamental concuerdo con la autora-, pero que de hecho existe y no deja de plantearnos preguntas concretas sobre lo que significa vivir en una sociedad como la peruana. Me refiero a preguntas como ¿Las consecuencias de la violencia que la película muestra han sido posibles en nuestro país? ¿Por qué? ¿El desequilibrio social y económico que grafica La Teta Asustada se corresponde con mi visión del país? ¿Me siento identificado con la manera como la película presenta a los sectores populares o a los sectores adinerados? ¿Cuántos peruanos ven al Perú así como lo veo yo? ¿Qué visiones del país conviven en nuestra sociedad? ¿Por qué?

Esta capacidad de La Teta Asustada para tocar, con calidad y honestidad, las fibras más sensibles de nuestra condición de peruanos es aquello que ha convertido a esta película, con oscar o sin él, en uno de los grandes logros del cine nacional y en un referente para otros jóvenes directores.

Anuncios

2 pensamientos en “El valor de La Teta Asustada

  1. De acuerdo con que ha tocado fibras de lo que podríamos llamar, gruesamente, “lo peruano”. Pero el problema es que el modo en que algunas personas en el Perú podemos ver esa realidad, no coincide con lo que los “otros” pueden ver del país. En ese sentido, es una película, quizá, más para un público intelectual peruano que de cualquier otra realidad. No niego que es un cierto avance respecto de lo que antes se hacía, sobre todo a nivel de la metáfora, que es el valor estético y narrativo de la película. Pero la metáfora puede también ser críptica o torpe, y en algunos casos, me parece, la película peca de ambos extremos: sólo puede ser entendida a cabalidad por alguien “local” (e “ilustrado”) y de otro lado, el recurso de sintetizar los distintos mensajes hace que roce la caricatura y desafortunadamente, a mi juicio, lo ridículo. Pero insisto, de que es un logro lo es, más allá de los premios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s