La Lima magnética y liberal

Magnética y liberal. Así podemos calificar a la población que habría elegido a Susana Villarán como alcaldesa de Lima, a partir del perfil político de la candidata y que ha suscitado tanto entusiasmo en una Lima que creíamos mayoritariamente pragmática y conservadora. El resultado de esta elección es inesperado desde cualquier ángulo, pero bien podría estar marcando un antes y un después en la política peruana.

De cantera socialista y cristiana, se trataba de una figura experimentada pero poco conocida en relación a los candidatos de los sectores ideológicos que casi siempre han gobernado el país. Si bien Fuerza Social, el novel partido de Villarán, convocó desde el inicio a un nutrido grupo de asesores y simpatizantes, la candidatura no lograba despegar dadas sus limitaciones económicas. Hasta que los mismos errores de los candidatos que encabezaban las encuestas, sumados al ingenioso desempeño del equipo de Fuerza Social, permitieron a la población tornar la mirada en busca de un rostro nuevo, descubriendo la magnética personalidad de Villarán.

Fue así como un sector importante del electorado, compuesto fundamentalmente por jóvenes, comenzó a sentirse reconocido en la novedosa figura política encarnada por Villarán. Pero esta creciente y masiva intención de voto por una candidata de centroizquierda despertó pronto la alarma del poder político-económico, que inducido por las facciones más radicales de la derecha peruana inició una escandalosa campaña de desprestigio, que finalmente no pudo revertir lo ya ganado por Fuerza Social. Si bien el ajustado margen de los resultados finales evidencia un descenso en el electorado de Villarán luego del debate con Lourdes Flores, la favorita de las esferas de poder, es claro que, en términos globales, pasar de ser la candidata “miss simpatía” a conquistar la primera alcaldía del país es todo un logro para Villarán. Más aún si consideramos que la suya fue una campaña austera, y que no cayó en el espiral de calumnias desatado por sus detractores, aunque ello le costara no pocos votos.

Como se ha señalado, este proceso electoral ha confirmado la tendencia nacional a fragmentar el voto en favor de rostros nuevos y locales, en detrimento de los partidos tradicionales. No se trata de una novedad. Pero en el caso de Lima uno tiene la sensación de que buena parte del electorado de Villarán, reconocido como un movimiento espontáneo y entusiasta, no solo representa el rechazo de las figuras tradicionales, sino que podría encarnar la expresión más institucional de la aspiración a una nueva manera de hacer política. Es decir, por lo menos para un sector importante del electorado, la adhesión a la imagen de limpieza y autenticidad de Villarán podría ser el anuncio de una etapa de mayor conciencia de la importancia de la “decencia” en política -para usar los términos con los que Lourdes Flores inició la carrera electoral. En este sentido, quizá la mayor novedad que nos trae la virtual alcaldesa es haber vuelto a conectar con la política a buena parte de la juventud limeña que creció con el fujimorismo, gracias al magnetismo de su personalidad.

Ahora bien, a menos que reduzcamos al electorado de Fuerza Social a motivaciones puramente afectivas –“electarado” diría algún periodista-, tendríamos que preguntarnos ¿qué tenía de novedoso el discurso de Villarán para generar tanto impacto? Como se sabe, Villarán es una dirigente de centro izquierda con un proyecto deliberado de regeneración de la izquierda democrática en el país. Incluso cuando se le acusó, no siempre sin razón, de incorporar en sus filas a militantes de la izquierda radical que poco aportaban a la campaña, la candidata fue enfática en defender sus alianzas, sin dejar de rechazar toda iniciativa antidemocrática. Por ello, si bien los votos que la harían alcaldesa de Lima expresan ante todo confianza en ella y no en un proyecto ideológico, también hay que decir que gracias a la campaña mediática de la derecha el electorado podía al menos intuir que al votar por la carismática Villarán también estaba votando por una mujer de izquierda. Es decir, los electores de Villarán sabían que votaban por una mujer de ideas liberales, que estaba a favor de la despenalización tanto del aborto como de la comercialización de las drogas, o que siendo una católica de misa dominical, no comulgaba con el conservadurismo religioso. Esto hace pensar que en la victoria ajustada de Villarán se estaría expresando una derrota al discurso conservador, político, moral y religioso, que por mucho tiempo ha sido casi tan limeño como la mazamorra. El voto de Villarán, siendo un voto liberal, representa una crítica importante a los representantes del conservadurismo limeño, que hasta ahora no ha sabido honrar la complejidad social de la nueva Lima. El arraigo que el discurso de Villarán ha suscitado en el mundo juvenil, en todos los sectores socioeconómicos, indica que por lo menos en Lima la vía política liberal está de regreso.

En conclusión, se puede decir que, por un lado, la elección de Villarán confirma el perfil de una mayoría de limeños -y de peruanos, como se puede ver en los resultados del interior del país- que se sienten agotados de las figuras y del lenguaje político de siempre. Pero se podría pensar también que aun cuando no se trate de un voto ideológico, el voto de Villarán es un voto políticamente liberal, que podría reflejar un cambio significativo en la percepción tradicional de una Lima conservadora. La izquierda democrática tiene la oportunidad, gracias a la próxima gestión municipal, de capitalizar este movimiento electoral, si así se lo permite la pluralidad de sus agrupaciones. Por su parte, la centro derecha ha evidenciado al final de la campaña una gran fragilidad ante sus sectores más antidemocráticos, quienes no terminan de aprender que el Perú no es su chacra. Para ser democráticos, los movimientos de centro derecha deberán tomar distancia de sus facciones radicales y levantarse sobre el reconocimiento de que en una democracia ellos no representan la sola alternativa de gobierno, a menos que prefieran seguir alimentando a la izquierda radical. Mario Vargas Llosa, nuestro Premio Nóbel, defensor del libre mercado como de las libertades políticas, es un referente a no perder de vista.

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Algunos artículos de referencia:

Primer reporte (Augusto Alvarez Rodrich)

¿Ganó la izquierda? Pues sí, algo ganó (Mirko Lauer)

También hay buenas noticias (Carlos Basombrío)

De cómo PPK me hizo cambiar (César Hildebrandt)

El 4 de octubre (Antonio Zapata)

Imagen tomada de aquí.

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