La importancia de hacer teología

Probablemente lo más parecido al aporte que el boom literario de los años 60 hizo al pensamiento en América Latina sea el florecimiento de la teología latinoamericana a partir de la misma época. En julio de 1968, en presencia del novelista José María Arguedas, Gustavo Gutiérrez pronunciaba por primera vez la formulación que anunciaría una nueva manera de hacer teología: “teología de la liberación”. La teología, una de las más antiguas disciplinas o ciencias concebidas en Occidente, conocía así un giro epistemológico, aquí en América Latina.

Desde entonces mucha agua ha corrido bajo el puente y hoy podemos identificarnos o no con las intuiciones de las distintas teologías de la liberación elaboradas en estos decenios, pero no podríamos dejar de reconocer la capacidad de un Juan Luis Segundo, un Leonardo Boff, John Sobrino o del mismo Gutiérrez para dialogar con hondura intelectual con la pluralidad de nuestro universo académico. Si alguna vez llevaste un curso o revisaste un libro de teología y acaso tuviste la impresión de que la teología se reduce a la exposición de una doctrina inconsistente -en relación a otros saberes- y vana -en relación a tu experiencia de vida-, es bueno que sepas que no necesariamente tiene que ser así.

Hubo una época en que la reflexión teológica en América Latina significó para no pocos intelectuales una valiosa contribución a la comprensión de la experiencia humana en un continente marcado por la fe cristiana. Por un lado, las obras de los teólogos latinoamericanos se traducían, para ser materia de debate teológico, al francés, al alemán o al inglés. Pero al tiempo que ellas servían al anuncio del Evangelio tratando de comprender la experiencia cristiana en nuestros contextos culturales, también los filósofos, sociólogos, economistas, literatos y artistas podían sentirse invitados a confrontar con un texto de teología sus respuestas a la pregunta por las raíces y finalidades del ser humano en esta parte del mundo. Evidentemente, eran épocas en que la cultura católica se respiraba más en el ambiente, pero algunos de aquellos intelectuales no eran necesariamente más creyentes que muchos de los que hoy asumen el reto de pensar la integralidad de la experiencia humana prescindiendo del discurso cristiano.

Hoy, quizás sean pocos los intelectuales que conozcan aquel período de efervescencia de la teología latinoamericana. En todo caso, para la mayoría, siempre será posible acudir a los estudios que felizmente las ciencias humanas y sociales han seguido elaborando sobre el fenómeno religioso, desde sus propias metodologías. Pero puede ocurrir que quienes estén persuadidos de que en la experiencia espiritual confesada por los cristianos una comunicación entre Dios y el hombre es posible, extrañen una reflexión contextualizada sobre el contenido de esta comunicación, es decir, una mayor producción teológica. Es entonces cuando un descenso en la creatividad teológica latinoamericana se hacer sentir en las fronteras de la Iglesia, allí donde las teologías de manual, aquellas que podrían haber sido escritas en cualquier contexto humano sin alterar su contenido, pueden realmente tornarse vanas e inconsistentes.

Es verdad, el mundo académico conserva muchos prejuicios en relación a la teología, muchas veces se trata de resistencias que obedecen a ideologías o a visiones del mundo que se automarginan de la fe cristiana. De otro lado, es conocido el debate intraeclesial que llevó a la jerarquía católica a atenuar el desarrollo de la teología de la liberación, aunque, contra lo que podría pensarse, ésta nunca fue condenada. Pero aun cuando no vivamos ya en la efervescencia humanista de los años 60, estas dificultades no deben desanimar a todos aquellos que siguen viendo en la investigación teológica una vocación de servicio a la fe cristiana y a la experiencia humana en América Latina. La complejidad de nuestras sociedades evidencia que urgimos de más teólogos y teólogas que a partir de sus propias preguntas e intuiciones retomen la ruta abierta por esa especie de boom de la teología latinoamericana que muchos espacios de diálogo y formación intelectual no deben sino extrañar.

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