Discernir

El surgimiento continuo de diferentes modos de vivir es un desafío importante para todos los que vivimos en sociedad. Cada uno de nosotros tiene hábitos y conductas que de alguna manera se resienten cuando vemos que otras personas conducen sus vidas de una forma distinta a la nuestra, lo que es en parte normal si tomamos en cuenta nuestra necesidad de vivir bajo criterios compartidos. Sin embargo, establecer estos criterios solo a partir de nuestras propias convicciones sería realmente injusto. El desafío está, primero, en asumir con honestidad la realidad de nuestra pluralidad y, segundo, en buscar adecuadamente los acuerdos que necesitemos para hacer posible una buena convivencia.

Ahora bien, antes de tomar posición frente a algún tema de discusión pública, como los que tienen que ver con las leyes que regulan la vida de las personas, hay una tarea que ningún ciudadano debería ahorrarse. Es la tarea de discernir sus opciones, es decir, de darse el tiempo para examinar las diferentes alternativas posibles antes de establecer una posición sobre algún tema. Se trata de una tarea compleja, porque nuestras opciones, sobre todo las fundamentales, no responden solo a situaciones particulares sino que también son reflejo de nuestras convicciones éticas y religiosas. De manera que apostar por una posición determinada en el debate público tendría que ser resultado de considerar tanto las circunstancias concretas en que surge un conflicto como las convicciones morales que me sostienen a mí como persona.

Desde una perspectiva cristiana, para lo primero es necesario hacernos sensibles a nuestras diferencias, y, sobre todo, a la manera como son vividas por las personas más involucradas en ellas. Lo segundo puede ser más trabajoso. Porque acudir a nuestros referentes éticos y religiosos exige reflexión y a veces hasta estudio. De lo contrario, podemos pensar que la moral se reduce a buscar respuestas automáticas a cada situación desafiante, como ocurre, por ejemplo, cuando citamos aisladamente versículos de la Biblia.

Discernir siempre será más difícil que seguir simplemente nuestros impulsos o la presión de los gritos de otros, pero es lo mejor que los cristianos podemos hacer para favorecer el bien común en una sociedad cada vez más plural como la nuestra.

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Publicado por La República (11-07-15)

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