La palabra oportuna

Se puede decir que en la sociedad de hoy existe cierto escepticismo frente a las palabras. Naturalmente, esto tiene que ver con el abuso que muchas veces hacemos de ellas, expresando lo que no sentimos, prometiendo lo que no vamos a cumplir, o gastándolas vanamente ante el cansancio de nuestros interlocutores. Este escepticismo no podría, sin embargo, conducirnos a un rechazo general de todo lo que escuchamos o leemos. Porque, cómo podríamos entendernos sin un mínimo aprecio por las palabras que recibimos, sin esa disposición natural que nos lleva a acoger cordialmente lo que el otro quiere decirnos. A pesar de nuestros justificados recelos permanece en nosotros la necesidad básica de confiar en lo que se nos dice.

Pero una palabra bien dicha no solo es capaz de promover el entendimiento entre nosotros, la palabra puede tener también un efecto transformador en las personas. Algo de esto queda insinuado cuando, en una de las plegarias que los sacerdotes recitamos en la misa, decimos: “inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado…”. Lo que se expresa aquí es la certitud de que, como el gesto, la palabra manifestada de forma oportuna, es decir, la palabra pertinente, justa, la que responde a un conocimiento profundo de la experiencia del otro, es verdaderamente capaz de promover una transformación en la vida de las personas.

Esto es lo que está ocurriendo con las palabras que el Papa Francisco viene dirigiendo tanto en sus grandes discursos como en sus encuentros personales. No es que sus palabras basten para consumar sus anhelos, pues corresponde a cada persona o institución la tarea de construir su propio futuro. Sin embargo, qué duda cabe de que la justeza de las palabras con las que Francisco aborda cada aspecto de la experiencia humana se han convertido hoy en fuente de dinamismo para la vida de muchos. Con lo cual, el Papa, retomando el espíritu de las Escrituras, no hace sino recordar que para el cristiano la palabra no debería ser nunca instrumento de opresión o de confusión, sino pauta de redención para la vida de los demás.

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Publicado en La República (02-10-15)

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