Una Iglesia de la escucha

Se viene desarrollando en Roma una nueva asamblea del Sínodo de los Obispos de la Iglesia Católica. El Sínodo es una institución establecida por el Papa Pablo VI para convocar de forma permanente a los obispos, con el objetivo de recibir de ellos información y consejo para el gobierno universal de la Iglesia. Como en su asamblea anterior, el Sínodo ha seguido abordando en esta oportunidad el tema de la familia. Ahora, si bien lo central está en el contenido de las discusiones doctrinales que han tenido lugar sobre la realidad familiar, la forma en que Francisco ha querido plantear estas últimas asambleas ha traído novedades que también conviene destacar pues tienen gran significación para la vida de la Iglesia.

Lo primero a resaltar es la disposición del Sínodo a escuchar la voz de los laicos. Para ello, no solo se invitó a participar de las asambleas a un grupo de padres y madres de familia sino que, previamente, se hizo llegar a las iglesias locales de todo el mundo un cuestionario con preguntas dirigidas a los fieles católicos sobre los aspectos desafiantes de la vida familiar. Y aún cuando no todos los obispos acogieron la iniciativa con el mismo entusiasmo, son muchas las conferencias episcopales que aplicaron la encuesta con rigurosidad, llegando en algunos casos hasta a hacer público sus resultados. Un segundo detalle importante es la decisión tomada en la anterior asamblea de divulgar un consolidado con las ideas surgidas en las discusiones del Sínodo, incluyendo la cantidad de votos a favor y en contra obtenidos por cada declaración, hecho que constituye un acto de transparencia sin precedentes en la historia reciente de la Iglesia. Finalmente, del discurso de Francisco por el 50 aniversario de la institución del Sínodo hay que destacar la propuesta de impulsar la sinodalidad en el gobierno de la Iglesia, es decir, de promover una “saludable descentralización” que dé mayor protagonismo a las conferencias de obispos locales en el discernimiento de los problemas que aquejan a sus fieles.

Estas novedades constituyen, pues, un claro testimonio de un estilo de gobierno que busca privilegiar la escucha, el diálogo y la transparencia en la vida y en la toma de decisiones de la Iglesia. En palabras del Papa, éste es “el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.

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Publicado en La República (24-10-15)

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