El recuerdo de Jesús

Transcurrida la Cuaresma, periodo de preparación espiritual que antecede a la Semana Santa, nos toca ahora disponernos a conmemorar los hechos que llevaron a Jesús a experimentar la muerte y la resurrección, y que contribuyeron decididamente a su reconocimiento como Cristo, el designado por Dios para anunciar la salvación de la humanidad. La Semana Santa trae, pues, a la memoria acontecimientos centrales de la fe cristiana, razón por la cual recibe gran relevancia en el cristianismo universal.

No se trata, sin embargo, de una mera conmemoración histórica. Hacer memoria, en sentido bíblico, supone permitir que el recuerdo de una experiencia de fe vivida en otro tiempo exprese algo a la vida presente del creyente. Y esto es lo que ocurre en nosotros cuando nos disponemos a acoger con toda su fuerza al recuerdo de la vida de Jesús. Hacer memoria de los hechos que marcaron su pasión y resurrección nos conduce no solo a conocer mejor al Jesús histórico, sino sobre todo a dejarnos interpelar por el recuerdo vivo de su vida y mensaje. De allí que celebremos la Semana Santa, fundamentalmente, con actos litúrgicos, porque es a través de la oración, personal y colectiva, que mejor podemos sintonizar con el Dios que se expresa en la persona de Jesús.

El recuerdo de Jesús es, por cierto, un recuerdo “peligroso” en expresión del teólogo J.B. Metz, porque ante su crudeza difícilmente podemos permanecer indiferentes. Por supuesto, siempre podremos elegir quedarnos con la imagen de Jesús que mejor se adapte a nuestras expectativas y deseos. Y, sin embargo, ¿será ésta la imagen que mejor se corresponda con el Jesús de los Evangelios? Asimismo, ¿no corresponde más al trato de Dios el lanzarnos a la búsqueda de la libertad y la verdad antes que el mantenernos en el conformismo y la ignorancia? Un recuerdo informado y orado de la pasión y resurrección de Jesús es, en este sentido, la mejor forma de experimentar la fuerza del testimonio de Jesús, y, con ello, una inmejorable oportunidad para vislumbrar cuán cristianas vienen siendo nuestras vidas. Aquí radica el sentido profundo de la Semana Santa.

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Publicado en La República (18-03-16)

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