Ir a lo fundamental

Hace unas semanas comentaba en esta misma columna la importancia, ante el panorama electoral, de no dejarnos arrastrar ni por el pesimismo ni por la complacencia frente a proyectos políticos afectados por la corrupción o la ausencia de propuestas sólidas. Hoy, luego de la primera vuelta electoral, creo que nos toca afianzarnos en esta actitud, a riesgo de abandonarnos a un talante apático que solo contribuiría a una forma de gobernar desvinculada del interés general del país. En este contexto, dos consideraciones pueden ayudar a nuestro discernimiento.

Lo primero a tomar en cuenta es que la descalificación fácil, cuando no ofensiva, de aquellos que no comparten nuestras preferencias políticas no construye nada. Por supuesto que no todas las alternativas electorales dan política o moralmente lo mismo. En muchos casos se puede determinar con bastante objetividad la pertinencia o inconveniencia de una opción política para el progreso del país. Sin embargo, esto no impide reconocer que cuando un ciudadano opta por una determinada propuesta responde a intereses y necesidades relevantes en su vida, enmarcados en la cultura política de la que es parte. El discernimiento de nuestras apuestas políticas debería, pues, también incluir una mirada más profunda a las motivaciones que determinan las opciones de los demás, porque quizás ellas podrían indicarnos mejor las prioridades más urgentes del país.

Una segunda consideración tiene que ver precisamente con el discernimiento de nuestras prioridades. Muchas veces tenemos la tendencia a reducir nuestra reflexión política al cálculo de los intereses en juego o al análisis de las formas en que se distribuye el poder. Y de hecho, ¿cómo podríamos evaluar la política real, aquella que tiene consecuencias directas sobre nuestras vidas, sin tomar en cuenta estos aspectos? La tradición cristiana insiste, sin embargo, en que el discernimiento de la acción política debe considerar también a los valores que sostienen nuestra vida en sociedad. Y es que sin la orientación que ellos nos brindan, valores conquistados muchas veces al calor de luchas y sacrificios, cualquier proyecto político podría imponerse simplemente por la fuerza del que grita más fuerte. Como en tantos otros contextos, nos toca entonces ir a lo fundamental, a aquello que sea capaz de sembrar más libertad, igualdad y democracia, en definitiva más vida, entre nosotros.

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Publicado en el diario La República (15-04-16)

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