Identidad y odio

Uno de los aspectos inherentes a la condición humana es establecer diferencias entre personas o grupos humanos para definir mejor nuestra identidad. Muchas veces nos conocemos y comprendemos mejor cuando nos contrastamos con los demás y a partir de ello descubrimos nuestras particularidades. Junto con ello solemos también tomar posición ante los comportamientos que percibimos como diferentes a los nuestros, puesto que, normalmente, desde el punto de vista moral no toda forma de ser o de vivir tiene el mismo significado. Todos tenemos una serie de criterios, de valores, que nos ayudan a ubicarnos en la vida.

Esta tendencia, normal y hasta positiva, se convierte sin embargo en una actitud dañina cuando nuestra afirmación personal, es decir, nuestra satisfacción y tranquilidad se hacen dependientes del establecimiento de diferencias frente a los demás. Porque fácilmente perdemos de vista que todo lo que nos vincula como seres humanos es mucho más grande que lo que nos distingue. Y porque de allí a la discriminación y la violencia hay solo un paso. Una necesidad imperiosa de afirmarse marcando fronteras reduce, en definitiva, la capacidad de nuestra mente y corazón para comprender que la experiencia humana es más grande y más compleja que la que nosotros vivimos.

En esta línea, no podemos dejar de lamentar el reciente atentado en Orlando (Estados Unidos) contra personas de los grupos LGTB y donde 50 de ellas han sido asesinadas solo por el hecho de su condición sexual. El odio que un homosexual puede recibir a causa de su condición sexual solo puede provenir de personas que, cegadas por su egoísmo, son incapaces de creer en la humanidad que habita en cada persona en medio de sus diferentes condicionamientos. Precisamente, la fe en esta identidad y fraternidad mayor que nos reúne a todos los seres humanos es lo que parece estar detrás de las famosas palabras del Papa Francisco luego de su viaje a Brasil: “El problema no es tener esta tendencia. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quien soy yo para juzgarla?” (http://goo.gl/pFWzHp).

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Publicado en La República (17-06-16)

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