Los supuestos religiosos del debate económico sobre la corrupción

Estas últimas semanas, un grupo de intelectuales ha animado un importante debate sobre la relación entre corrupción y sistema económico en el Estado peruano. A un lado del cuadrilátero tenemos a los activistas del liberalismo económico, es decir, a los defensores de la reducción de las funciones colectivas del Estado y la disolución de éstas en las leyes del mercado. Como no podía ser de otra forma, sus retadores son los intelectuales de cantera socialista, quienes reclaman un Estado más abarcador y más vigilante de los bienes públicos. Nuestros intelectuales vuelven, entonces, a propósito de la corrupción imperante en este segundo gobierno aprista, sobre el antagonismo que existe entre el modelo económico reinante, de corte neoliberal, y las políticas económicas de inspiración socialista.

Siguiendo a Martin Tanaka, observamos que, en realidad, ambos sectores ideológicos coinciden en su diagnóstico: la corrupción es el producto de la perversa relación entre Estado y mercantilismo; lo que se expresa, por ejemplo, cuando un bien público, como es un terreno del Estado, es vendido fraudulentamente por un funcionario estatal a un ciudadano particular por encima de los intereses nacionales (caso COFOPRI). No obstante, como anota Alfredo Bullard, es en el terreno de las soluciones donde liberales y socialistas se desmarcan rotundamente. Los primeros confían en que la introducción de las leyes del mercado -propiedad privada y libre competencia- en la gestión estatal regulará el afán de los funcionarios de privilegiar el interés individual sobre el colectivo. Por el contrario, para los socialistas, la verdadera receta anticorrupción supone combatir la lógica del mercado, que promueve el rechazo de los intereses y de los bienes públicos en la sociedad peruana.

Ahora bien, si tratamos de ir a la base de esta renovada bipolaridad ideológica ¿hacia dónde nos conduce el debate económico? Sigue leyendo