Discernir

El surgimiento continuo de diferentes modos de vivir es un desafío importante para todos los que vivimos en sociedad. Cada uno de nosotros tiene hábitos y conductas que de alguna manera se resienten cuando vemos que otras personas conducen sus vidas de una forma distinta a la nuestra, lo que es en parte normal si tomamos en cuenta nuestra necesidad de vivir bajo criterios compartidos. Sin embargo, establecer estos criterios solo a partir de nuestras propias convicciones sería realmente injusto. El desafío está, primero, en asumir con honestidad la realidad de nuestra pluralidad y, segundo, en buscar adecuadamente los acuerdos que necesitemos para hacer posible una buena convivencia. Sigue leyendo

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Pluralidad y moral: un desafío para el análisis político

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En la vida democrática tenemos que hacer el esfuerzo constante por acoger y respetar a opciones políticas diferentes. Y aunque esto no siempre sea fácil, creo que la consciencia de nuestros propios vacíos y errores basta para reconocer que en política la pluralidad de preferencias ideológicas y líneas de acción es una realidad a favorecer. Ahora bien, tomar la pluralidad en serio significa también ser conscientes de que su reconocimiento no debe traer consigo, particularmente en el nivel de la participación política, una falta de atención a los elementos que forjan nuestra cohesión social, que en última instancia son de naturaleza axiológica. Es más, la pluralidad los hace más urgentes. Sigue leyendo

Benedicto XVI: hacer lo que tenemos que hacer

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En la obra El divino impaciente, el español José María Pemán atribuye a san Ignacio de Loyola la frase: “no hay virtud más eminente que el hacer sencillamente lo que tenemos que hacer“. Esto es a mi juicio lo que Benedicto XVI ha tenido el coraje de hacer al renunciar al papado, a partir de su propia e inalienable conciencia cristiana.

En la moral cristiana la pregunta por aquello que una persona debe hacer ante una situación determinada se remonta al diálogo entre fe y razón en el terreno de la conciencia personal. Si la experiencia cristiana tiene como fundamento el encuentro con la Palabra de Dios, que, como acto de comunicación, descansa sobre seres humanos autónomos, el ideal del proceder cristiano consiste entonces en la apropiación del Evangelio experimentada por una persona consciente de sí misma y de su historia, en definitiva, por una persona atenta a su propia conciencia. Sigue leyendo