Indulto y dignidad


El 7 de abril del 2009 el expresidente peruano Alberto Fujimori fue encontrado responsable de violaciones a los Derechos Humanos ocurridas en su gobierno, durante el conflicto armado que enfrentó al Estado Peruano con los grupos terroristas Sendero Luminoso y MRTA. Habiendo sido extraditado de Chile, Fujimori fue además procesado por actos de corrupción, delitos por los que finalmente él mismo se reconoció culpable. El expresidente recibió la pena de 25 años de prisión, una resolución más bien poco frecuente en América Latina, tratándose de un mandatario democráticamente elegido.

Han pasado tres años y medio de condena para Fujimori, por lo que, luego del intento fallido de reconquistar el poder a través de su hija Keiko, el expresidente considera que ha llegado el momento oportuno para tentar su liberación por la vía de un indulto presidencial, argumentando razones humanitarias. Como es natural, la solicitud de indulto que la familia Fujimori ha hecho llegar al gobierno del presidente Humala ha agudizado el debate en torno de su legalidad y, por supuesto, de su conveniencia política. No deberíamos dejar de exigir también la evaluación de su consistencia moral, y de sus consecuencias para la formación de la conciencia ciudadana. Sigue leyendo

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Ollanta Humala y la promesa de un país inclusivo


Luego de uno de los comicios más disputados de la historia electoral peruana Ollanta Humala Tasso ha sido elegido Presidente de la República. En un excelente comunicado, la Conferencia Episcopal Peruana afirmaba hace unos días su confianza y esperanza en el país, pero, a decir verdad, resultaba difícil creer que la esperanza podía abrirse paso en un escenario político tan incierto. Sin embargo, obtenidos los resultados, creo hay razones no solo para valorar el compromiso del pueblo peruano con la democracia. Mirando con perspectiva social e histórica el país que recibe Humala y el itinerario ideológico atravesado por éste para llegar a la Casa de Pizarro, quizá también hayan razones para ser optimistas. Sigue leyendo

La más noble de las profesiones o el más vil de los oficios

Comparto el artículo de Víctor Hugo Miranda sobre el rol de los medios de comunicación en la presente campaña electoral peruana:

La más noble de las profesiones o el más vil de los oficios

Si en lugar de los candidatos presidenciales y sus planes de gobierno, son los mismos medios de comunicación y el rol que cumplen los periodistas en la actual coyuntura política, quienes se roban los titulares, estamos frente a un problema muy grave. El periodismo no debe ser solo el garante de la libertad de expresión -que defiende con uñas y dientes cuando ésta se ve amenazada- sino que también debe ser el garante del derecho que tienen todos los ciudadanos de ser informados de la manera más objetiva posible. Pero cuando esto no ocurre la confianza se pierde y es muy difícil volver a recuperarla. La mayoría de medios de comunicación ha confundido lo que significa tener una línea editorial definida y el deber que tienen de informar con objetividad a su público. Cada vez que abrimos las páginas de un diario o cuando sintonizamos un noticiero o un programa político, estamos siendo testigos de cómo la frase acuñada por Luis Miró Quesada de la Guerra “El periodismo puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios” se convierte en realidad. (Seguir leyendo en Esejotas>>>)

Los ignorantes del Perú*

¿Cómo es posible que los peruanos, que viven en el país con mayor crecimiento económico de América Latina, “pateen el tablero” y vuelvan a poner en primer lugar al candidato “antisistema”? ¿Será acaso el desconocimiento de la mejora de sus propias condiciones de vida? ¿O será, como dirían por allí, la falta de oxígeno de los Andes que les impide discurrir? ¿Y en la Amazonía, será por el calor?

No por indeseado el pase de Ollanta Humala y de Keiko Fujimori a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales resulta sorpresivo. Sus “bolsones electorales” estaban allí, invulnerables, hace ya varias semanas. Además, se veía claramente que los candidatos de derecha y de centro no iban a tener la capacidad de concentrar sus votos en una sola candidatura que pudiera pasar a la segunda vuelta. Dada la caída de Alejandro Toledo y el insuficiente crecimiento de Pedro Pablo Kuczynski, la suerte estaba echada. Si hasta ahora la clase política no ha logrado organizarse en partidos que den bases sólidas a las candidaturas, ¿podíamos esperar que los egos personales cedieran antes las convicciones políticas? Sigue leyendo